Domingo, 23 de noviembre

“Lleven mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11:29-30).


La gran invitación de Jesús incluye un llamado a la sumisión, que inherentemente implica obediencia y está simbolizada por un yugo. El yugo estaba hecho de madera y diseñado para ajustarse cómodamente al cuello y los hombros de un animal de trabajo y evitar rozaduras. Un antiguo aforismo dice: «Pon tu cuello bajo el yugo y deja que tu alma reciba instrucción».

Por analogía, Cristo quiere que sus discípulos sean sumisos y aprendan de Él. Deben someterse por muchas razones, pero la principal es para ser enseñados por Él a través de la Palabra.

Pero en el proceso de sumisión, Jesús es manso y humilde de corazón y, con gracia, da descanso, no cansancio, a sus discípulos obedientes. Nuestro Señor nunca nos dará cargas demasiado pesadas, porque sus cargas no tienen nada que ver con las obras de la ley ni con la tradición humana de buenas obras.

Si somos fieles y sumisos, nuestra obediencia a Cristo será gozosa y feliz. El apóstol Juan explica: «Este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga difícil de llevar» (1 Juan 5:3). La sumisión a Jesucristo es la única verdadera liberación que podemos experimentar, porque solo entonces podemos llegar a ser lo que Dios quiso.

Tu preciosa voluntad, oh Salvador conquistador,
Ahora me abraza y me rodea;
Todas las discordias silenciadas, mi paz un río,
Mi alma, un pájaro prisionero, liberada.
La dulce voluntad de Dios todavía me envuelve más cerca,
Hasta que esté completamente perdido en Ti.

🙏🏽🙏🏽🙏🏽El propósito de Jesús al llamarte a la sumisión no es amargarte, sino mejorarte. ¿Hay algo que te impida confiar en eso?

Dios bendiga tu vida 🙏🏽